miércoles, 21 de julio de 2010

Las Estrellas amantes

El día 7 de julio se celebra uno de los festivales (matsuri) más importantes del calendario japonés. Se trata del Tanabata Matsuri, que conmemora el único día del año en que, según la leyenda, la Princesa Tejedora (la estrella Vega) y su amante, el Vaquero (la estrella Altair), cruzan la Vía Láctea para encontrarse. El Festival de Tanabata es uno de los más románticos del país asiático. Se celebra el séptimo día del séptimo mes y es costumbre poner varas de bambú recién cortadas en los tejados de las casas o fijarlas al suelo cerca de las viviendas. A los bambúes suelen atarse tiras de papel de colores y en cada una de ellas se escribe un poema de alabanza a la Princesa Tanabata y su marido Hikoboshi: Tanabata duerme, con las largas mangas de su kimono enrolladas, hasta el alba rojiza. No la despertéis, cigüeñas de las marismas, con vuestros gritos.



Comprenderemos mejor el significado del festival después de explicar la leyenda con la que está relacionada.

El dios del Firmamento tenía una hija muy hermosa llamada Tanabata y esta tejía hermosas prendas para su augusto padre. Un día, mientras tejía en su telar, vio a un atractivo joven que pastoreaba un buey y se enamoró de él al instante. El padre de Tanabata, sabiendo de los sentimientos de su hija, dio su consentimiento al matrimonio. Por desgracia los jóvenes se amaban demasiado y con poca sabiduría. Tanabata comenzó a descuidar sus labores textiles y el buey de Hikoboshi pastaba sin cuidado por la Alta Llanura Celestial. El padre de la muchacha se enfadó tanto que castigó a los ardientes esposos a vivir separados por el Río Celestial. En la séptima noche del séptimo mes, si el tiempo era favorable, una bandada de pájaros formaba un puente sobre el río para que los amantes pudieran encontrarse. Pero estas breves visitas no estaban garantizadas, pues si llovía el Río Celestial era demasiado ancho, incluso para la envergadura de un puente de urracas, y los amantes debían esperar otro largo año para verse. Es por eso que en esta época del año, los niños cantan Tenki ni nari (Despeja, cielo, despeja). Si el tiempo es propicio y las estrellas amantes se encuentran tras un largo año, se dice que las estrellas, Lyare (Vega) y Aquila (Altair), brillan con cinco colores diferentes – azul, verde, rojo, amarillo y blanco -, los colores de los papeles en los que se escriben los poemas del Festival Tanabata.

Historia sacada de Mitos y Leyendas de Japon. F. Hadland Davis. Satori Ediciones. 2008.

martes, 20 de julio de 2010

El Japón expansionista (2)

Durante esta época se produjeron varios acontecimientos relacionados con la guerra y el militarismo japonés. Por un lado, las distintas batallas aportaron gran riqueza a las arcas del gobierno nipón que, en cada una de ellas, necesitó producir más y más material bélico para después venderlo. Por otro, el ejercicio de absorción y aprendizaje fue una constante. En un primer momento, los conocimientos fueron incorporados desde el extranjero e iban dirigidos a las élites burocráticas pero a medida que se empezaron a incorporar las empresas privadas en el proceso de militarización la información empezó a circular del gobierno japonés hacia las mismas empresas.

La guerra generó a su vez una gran demanda interna de todo tipo de materiales necesarios para la producción bélica. En este sentido, fue la marina quién más inquirió en la utilización de materias primas como el acero o el hierro. En cierto modo, algunos autores atribuyeron a la guerra altos índices de inflación en la economía nipona debido a esta gran demanda. Otros, al contrario, verán el periodo de militarización como un punto clave en la asimilación de conocimientos y tecnologías occidentales que los japoneses supieron adaptar para empezar a construir una economía potente.

La creación de los zaibatsu jugó un papel preponderante durante la Primera Guerra Mundial. Estos fueron capaces de apostar fuerte en el momento de absorber tecnología foránea, al mismo tiempo que supieron aplicarla a través de las diferentes empresas, redujeron costes y se expusieron a los riesgos que todo ello comportaba para el crecimiento del pueblo japonés. El Gobierno meiji también tuvo un papel importante en todo este proceso, ya que dio facilidades y ayudas a todas las empresas privadas que quisieran formar parte de la expansión del país, a la vez que tomaba las decisiones necesarias para llevar a Japón hacia ese objetivo.



Para Kazo Yamamura, las guerras no fueron nada más que una “ayuda” al proceso de industrialización del país ya que permitieron acelerar todo el sistema de transmisión de conocimientos occidentales hacia Japón. Justificar el pasado militarista como un paso necesario hacia la modernidad es una afirmación un tanto presuntuosa y es que ningún historiador/a sería capaz de afirmar que la esclavitud tuvo características positivas o beneficiosas para la historia de las sociedades. Si es verdad que las guerras ayudaron a Japón a situarse dentro de la esfera internacional pero, en ningún caso, se puede considerar el afán belicista como la única de las causas de este cambio dentro de la economía nipona. Las guerras fueron un incentivo, pero las reformas iniciadas antes de la Restauración Meiji ya iban dirigidas a terminar con el periodo de ostracismo de la época medieval. La necesidad de incorporar tecnología y nuevos conocimientos ya era un tema primordial para los intelectuales mucho antes de finales del siglo XIX. Japón sin las guerras hubiera terminado modernizándose de todas formas, quizás más tarde, pero dentro del ADN de los nuevos políticos ya existía la voluntad de convertir al país en un actor importante dentro del contexto internacional.

Artículos realizados a patir de los escritos de Kozu Yamamura, The Role of Meiji Militarism in Japan's Technological Progress. 1977.

lunes, 19 de julio de 2010

El Japón expansionista (1)

Cuáles fueron las causas que llevaron a Japón a convertirse en una potencia imperialista durante los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del siglo pasado? Porqué un país pacífico, que nunca había usado la fuerza contra sus vecinos, iniciaba ahora una etapa de conquistas coloniales? Intentar esclarecer preguntas como estas fue necesario para entender un poco más la idiosincrasia de un país que, en tan sólo 50 años, tuvo que dejar atrás su época feudal y avanzar hacia un estado moderno.

En los próximos dos artículos intentaré esclarecer un poco los motivos que llevaron a Japón a convertirse en una potencia belicista y expansionista.

Algunos como Kozo Yamamura, autor del artículo The Role of Meiji Militarism in Japan's Technological Progress plantearon la hipótesis de que la modernización del ejército y a su vez, las guerras de aquella época (China 1894-1895 y Rusia 1904-1905) ayudaron a desarrollar el entramado militar japonés, los astilleros subvencionados por el gobierno y las nuevas factorías, nido de absorción y diseminación de cultura y habilidades occidentales. Por otro lado, esta política ayudó en momentos cruciales a asumir la demanda necesaria para asegurar la supervivencia del pueblo japonés, y permitió el crecimiento del entramado empresarial privado en sectores como la construcción y la maquinaria industrial.

Fueron los avances tecnológicos y la producción de las industrias niponas, que permitieron al país poder beneficiarse de las oportunidades que les ofrecía la Primera Guerra Mundial a nivel de mercado y de suministro de las tropas combatientes. Un crecimiento económico continuado que permanecería también durante el período de entre guerras ayudando a desarrollar sectores como la electricidad o la industria química. La velocidad de los japoneses a la hora de aprender fue tal que, durante la primera guerra sino-japonesa ya pudieron afirmar que, en cuestiones de diseño y construcción de navíos habían llegado al nivel de las potencias europeas y ya no necesitaban de su ayuda.



Por su parte, los astilleros de Nagasaki y de Hyogo, los más importantes del país, se vendieron durante los años 80 del siglo XIX a los zaibatsu Mitsubishi y Kawasaki respectivamente, que los convertirían en dos de las industrias más importantes de todo Japón durante las décadas siguientes. Cuando en 1893 la decisión de atacar la China ya se encontraba encima de la mesa, las industrias militares empezaron a trabajar las 24 horas del día con el objetivo de producir todo el material de guerra necesario para la empresa bélica. La derrota del apodado “país del medio” y el expansionismo sobre Corea y Manchuria (norte de la China) evidenciaron que una confrontación con Rusia era tan solo cuestión de tiempo. La guerra contra los rusos sirvió para que Japón se apropiara de la tecnología más moderna en cuanto a empresas privadas de maquinaria y componentes se refiere.

El nuevo Gobierno meiji, llegó a la conclusión de que si quería convertirse en un actor importante a nivel internacional no le quedaba más remedio que fortalecer el país y esto, pasaba por aumentar la fuerza militar y conseguir colonias tal y como en su día habían hecho los occidentales. En un primer momento se optó por incorporar especialistas occidentales a las factorías gubernamentales para mirar de crear un puente al know how occidental. A medida que se avanzaba en el tiempo y se iban sucediendo los distintos enfrentamientos, el Ejecutivo llegó a la conclusión de que la industria pública ya no era suficiente. Fue en ese momento cuando la empresa privada “saltó al ruedo” para dar un impulso definitivo a la producción de material de guerra.

domingo, 18 de julio de 2010

El peligroso pez fugu

Sin duda alguna, la comida japonesa es una de las más saludables y variadas de todo el mundo. Arroz, verduras, pescado y algo de carne combinados, siempre, con un cuenco de sopa de miso, un platillo de encurtidos y una taza de té verde forman la piedra angular de la gastronomía nipona. Infinidad de platos han conseguido traspasar las fronteras del país asiático y, hoy en día, el sushi, la tempura, los fideos o las bolas de arroz rellenas (onigiri) son platos conocidos por la gran mayoría de los occidentales. Aún así, existe una receta que conserva un aire de misterio y peligro que, si bien es conocida, sigue siendo una especialidad cocinada casi íntegramente en Japón. Hablamos del fugu o pez globo.



Se trata de un plato solo para atrevidos que quieran incorporar un toque de riesgo a su comida. Los órganos internos de este pez, no su carne, son tan venenosos que sólo puede prepararse en restaurantes especializados donde los chefs deben poseer un certificado que les acredite como cocineros cualificados. Su toxina es tan nociva que, al ingerirse, paraliza el sistema nervioso y puede provocar un paro cardíaco instantáneo. Cuando el cocinero ha extraído todas las partes peligrosas, así como la espinosa piel, se suele servir en forma de sashimi, en lonchas tan finas que el fondo del plato puede verse a través de la carne del pescado. Aunque de sabor muy tenue, el fugu-sashi es considerado una exquisitez. Finalmente, el resto del pescado se prepara en la cazuela y se sirve con una salsa picante para terminar de redondear este “peligroso” plato.

Si decidís probar esta especialidad japonesa, no os olvidéis nunca de pedir que os enseñen el certificado de autorización, indispensable para realizar, “en condiciones”, la elaboración del fugu.