

Los últimos estudios sobre sexualidad en el país del sol naciente apuntan que, una vez casados, un alto porcentaje de matrimonios deja de mantener relaciones sexuales de forma asidua. El sexo ha llegado a convertirse en una “carga” para muchos matrimonios japoneses. En la actualidad, sigue siendo el hombre quien dedica la mayor parte de su tiempo a la empresa y cuando llega al domicilio familiar lo hace cansado, sin ganas de intimar con su pareja. Muchos de ellos, incluso, prefieren ocupar su tiempo con revistas eróticas y sex shops antes que mantener relaciones “reales” con sus conyugues. No es de extrañar que muchas mujeres japonesas decidan mantener relaciones extramatrimoniales, a sabiendas de sus maridos, con el fin de satisfacer sus necesidades de sexuales.
Por el contrario, el negocio del sexo en Japón es uno de los más rentables. En ocasiones controlados por las mafias (la yakuza), los locales donde se ofrecen servicios de índole sexual están a la vista de paseantes y curiosos. Los denominados barrios del placer, nacidos en el actual Tokio durante la época Edo, siguen teniendo su réplica en los distritos más modernos de la gran mayoría de ciudades japonesas. Sex shops, locales de masaje, servicios de citas etc. En definitiva, negocios donde se comercia con el sexo.
En Tokio y en su periferia se tolera el comercio sexual, y los “establecimientos para adultos” hacen gala de sus mercancías. La industria del sexo, orientada sobre todo a los hombres, sustenta sus pilares sobre gran cantidad de revistas y guías que ofrecen desde los números de teléfono hasta los precios, los nombres y las fotos de las mujeres.
En los siguientes artículos seguiré hablando un poco más sobre el negocio del sexo en Japón. ¡Hasta la próxima!
El hijo del dios Trueno
Cerca del monte Hazukan, hace tiempo vivió un pobre campesino llamado Bimbo (en japonés bimbo significa pobre). Su parcela de tierra era tan pequeña que, a pesar de trabajar en ella desde la salida hasta la puesta de sol, apenas obtenía arroz suficiente para él y su mujer.
Un día, tras una prolongada sequía, Bimbo comprobaba compungido cómo sus brotes de arroz se habían secado por completo. Mientras observaba con temor cómo la naturaleza presegiaba una futura hambruna, la lluvia comenzó a caer copiosamente acompañada del estruendo de los truenos. Bimbo estaba a punto de resguardarse de la tormenta cuando un relámpago le deslumbró. El campesino rezó a Buda pidiendo protección. Cuando recuperó la vista descubrió sorprendido que había un bebé tendido en la hierba riendo y canturreando.
Bimbo cogió al pequeño en brazos y lo llevó a su humilde morada, donde su mujer recibió al muchacho encantada. Llamaron al niño Raitaro, Hijo del trueno, y vivió feliz con sus padres adoptivos. Nunca jugaba con otros niños pues le gustaba vagar por el campo, observar el agua del arroyo o las nubes en el cielo corriendo ligeras sobre su cabeza.
Con la llegada de Raitaro llegó también la prosperidad a Bimbo y su esposa, pues el muchacho podía convocar a las nubes y hacer que sólo lloviera en la parcela de su padre. Cuando Reitaro cumplió los dieciocho años, ya convertido en un apuesto joven, se despidió de Bimbo y su esposa, agradeciéndolos todos sus cuidados y cariño. Se transformó en un pequeño dragón blanco y alzó el vuelo. La anciana pareja corrió hacia la puerta de la casa y vieron cómo el dragón ascendía al cielo haciéndose cada vez más grande, hasta que finalmente se oculto tras una nube.
Cuando Bimbo y su esposa murieron, un dragón blanco bajó del cielo y grabó sus lápidas en memoria de Reitaro, el Hijo del trueno.
Historia sacada de Mitos y Leyendas de Japón. F. Hadland Davis. Satori Ediciones. 2008.
Tres estancias en Japón que suman ya un año de vivencias en un país del cual, sigo enamorado pero del que he aprendido también a distanciarme, a ser capaz de captar su esencia desde un punto de vista más objetivo. Sociedades diametralmente opuestas, española y japonesa, con un sinfín de contradicciones difícilmente enumerables en un espacio como este pero que otorgan un mayor atractivo y aliciente a mi estudio de la cultura japonesa.
Justo antes de embarcarme en esta nueva aventura por el país del sol naciente, con prisas y sin muchas esperanzas solicité la beca Monbusho (文部省). Una beca otorgada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes nipón para realizar un año de estudios japoneses en una universidad del país. Una beca, con una dotación económica muy importante cuyos requisitos eran, sin duda, poseer un elevado nivel del idioma japonés, pero también conocimientos de la cultura del país asiático. La sorpresa fue mayúscula cuando me informaron que había sido seleccionado como candidato español para la beca y que, a finales de setiembre de este año, volvería a hacer las maletas para embarcarme en una nueva aventura por tierras de la isla de Kyuushu (九州). Más concretamente, el gobierno japonés me reservaba una plaza en la Universidad de Miyazaki, (宮崎大学) al sur de la isla. Sin duda un nuevo reto. Me despido de Kioto a la espera de descubrir una nueva ciudad, alejada de los centros económicos del país, muy probablemente con gente distinta a la conocida hasta la fecha y con un objetivo claro: seguir perfeccionado mi japonés y ampliar los conocimientos sobre la cultura nipona.
Durante este by pass hasta mi nueva marcha espero seguir publicando artículos de forma asidua. ¡Seguid atentos al blog y hasta la próxima!