Moverse en inglés por Japón es una misión harto difícil. El país, después de la Segunda Guerra Mundial, hizo un gran esfuerzo para subirse a un tren, el de una globalización incipiente, que tenía en el inglés su idioma bandera. Las barreras que supone el japonés en las relaciones comerciales hicieron que el país asiático se volcara en incorporar de forma paulatina el idioma de Shakespeare en su día a día. Las principales estaciones japonesas cuentan con todos los letreros en ambos idiomas, muchos restaurantes ofrecen traducciones al inglés de sus platos, las empresas dan cursos a sus empleados y los niños aprenden inglés desde pequeños en la escuela.
Contrariamente a todo esto, el inglés de los japoneses es un galimatías difícil de descifrar para un occidental. Su idioma ya cuenta con un silabario, el katakana, que contiene todos aquellos préstamos lingüísticos que vienen de fuera del archipiélago, básicamente, palabras anglosajonas incorporadas desde la apertura del país en 1868 y que han ido confeccionado, poco a poco, un nuevo idioma: el vulgarmente denominado Janglish o también Japanglish.
En los siguientes artículos conoceremos algunos ejemplos de este peculiar y autóctono lenguaje. Moviéndonos por la capital, Tokio, el janglish hace acto de presencia constantemente.
Durante un trayecto en autobús, un viajero descubrió un restaurante con un rótulo que rezaba Cheese Doll, “Muñeca de queso”, en inglés. Sin duda, un nombre extraño. No mucho después, el mismo autobús pasaba por otro restaurante con el mismo nombre y, entonces, el sorprendido viajero advirtió que ambos locales estaban emplazados en una construcción de color amarillo pálido. De pronto, todo cobró sentido: el propietario de la cadena había intentado emular el nombre Chez d’Or, ignorando que en francés significa “Casa de Oro”.
En el próximo post seguiremos hablando del Janglish en Tokyo. ¡No os lo perdáis!