viernes, 31 de julio de 2009

Japón es el enemigo (2)

Con Hitler fuera de combate, las potencias aliadas se reunieron el 17 de Julio en Potsdam, Alemania, para decidir el futuro de la contienda mundial. En esta última conferencia, Truman substituía al fallecido Roosevelt como presidente de los Estados Unidos y se empezaba a hablar seriamente de un sistema bipolar. El sistema capitalista, con los americanos al frente, y el bloque comunista con la URSS como abanderada. Pero, aún con las diferencias que empezaban a surgir, si una cosa tenían clara los presentes en la reunión era que Japón debía ser derrotado. De Potsdam salieron una serie de consideraciones referentes al inminente ataque al país nipón:


- Hacer una purga de los responsables políticos del imperio japonés.
- Ocupar el país durante unos años.
- Limitar la soberanía de Japón.
- Desmilitarización total.
- Empezar una reforma política e instaurar un sistema democrático.
- Desmantelar los grandes conglomerados económicos (
zaibatsu)


Las cartas estaban echadas y el desenlace, fatal para Japón ya se había decidido. El 6 de Agosto se lanzaba la primera bomba atómica sobre población civil en Hiroshima. Murieron alrededor de unas 100.000 personas pero aún así el gobierno nipón decidió no rendirse. Dos días después, y tal y como ya había anunciado, la URSS declaraba la guerra a Japón e invadía el Manchukuo. El 9 de Agosto, la segunda de las bombas atómicas caía en suelo japonés causando la muerte a 80.000 nipones. En esta ocasión, la damnificada fue la isla de Nagasaki, que en la época de cierre del país, durante el período Edo, se había dejado abierta al comercio con los holandeses.




Dos días después, y viendo el potencial bélico de sus enemigos el emperador japonés, Showa Hiroito, aceptaba la derrota. Japón se había rendido al arma más mortífera jamás creada por el hombre. El 14 de ese mismo mes, el máximo responsable del país capitulaba formalmente y un día después se dirigía a sus conciudadanos, a través de la radio, para hacerles saber que el país se rendía i que los americanos, por medio del general Douglas MacArthur, tomaban el control del país.

miércoles, 29 de julio de 2009

Japón es el enemigo (1)

En el post que nos concierne y en el próximo, hablaré un poco de los acontecimientos previos a uno de los sucesos más importantes de la historia de Japón: las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y la consiguiente derrota en la Segunda Guerra Mundial.


El ataque a Pearl Harbour el 7 de Diciembre de 1941 por parte de la Armada Imperial Japonesa, supuso un vuelco en los acontecimientos de la guerra. Las fuerzas aliadas, con Estados Unidos al frente, empezaron a mirar al imperio del sol naciente como una verdadera amenaza. Ya no bastaba con derrotar a la Alemania de Hitler.
El desenlace de la contienda lo tenemos todos en mente, las dos bombas atómicas. ¿Pero que sucedió para que los americanos decidieran probar el arma más mortífera creada por el hombre en suelo japonés?





Las negociaciones para decidir qué hacer con Japón habían comenzado dos años antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Los aliados empezaron a discutir durante la Conferencia de El Cairo, en Noviembre 1943. En este primer encuentro, Roosevelt, Chiang Kai-shek y Churchil establecieron una declaración firme en contra del imperio japonés. Arrebatarle a Japón las islas que había ido conquistando a lo largo y ancho del sudeste Asiático (Formosa, la isla de Pescadores o Sajalín) se convirtió en el principal objetivo surgido de la conferencia, así como retornar la independencia a Corea y terminar con el Manchukuo (estado títere en forma de protectorado, que Japón estableció en Manchuria después de su victoria en la segunda guerra sino-japonesa 1931-1945).






La segunda de las reuniones, un mes después, se trasladó a Teherán (capital de Irán). En este encuentro, la URSS dio un golpe de autoridad en la mesa de negociaciones advirtiendo, que declararía la guerra al imperio del sol naciente una vez Alemania fuera derrotada.


En Febrero de 1945 tuvo lugar otra reunión de los líderes aliados. Yalta (Ucrania) fue el escenario escogido esta vez para discutir los pasos a seguir en la guerra contra Alemania y Japón. Las visiones enfrentadas, entre americanos y soviéticos, hacían presagiar ya una Europa dividida en áreas de influencia al terminar el ejercicio bélico y la URSS ponía plazo a un inminente ataque sobre Japón, tres meses después de que cayera Alemania. Además Roosevelt daba su palabra Stalin de cederle las islas Sajalín y las Kuriles una vez rendido Japón.


El 7 de Mayo Alemania es derrotada y el objetivo primordial de los aliados pasará por acabar definitivamente con Japón.

lunes, 27 de julio de 2009

Los doble códigos de la sociedad japonesa

En el artículo de hoy intentaré ahondar un poco más en la mentalidad y la forma de actuar y pensar que tienen los japoneses como grupo social.

Muchas de las teorías utilizadas para estudiar la sociedad nipona han surgido de fuera, con una consecuente visión eurocéntrica como eje central. Ruth Benedict y su obra más conocida, El crisantemo y la espada dan fe de unos primeros estudios sociológicos sobre Japón hechos desde el exterior, en un contexto político marcado por la Segunda Guerra Mundial y con unos objetivos claros; estudiar y conocer a los japoneses (enemigos en aquella época) para poder derrotarles. Las tesis sobre Japón y su gente siguieron estos pasos durante décadas, hasta que los sociólogos y antropólogos nipones empezaron a aparecer en escena. Algunos de ellos dirán que no hay teorías lo suficientemente potentes como para analizar Japón y que todo aquello formulado hasta la fecha no tiene en cuenta los conceptos émico y ético.

Ético: cuando un sociólogo o un antropólogo estudia una sociedad desde la perspectiva del observador. El estudioso no es capaz de dejar a un lado las ideas y los estereotipos europeos. Se trata de conceptos aplicables a todas las culturas.

Émico: estudios en los cuales se toma la perspectiva del observado. Son conceptos aplicables a una única cultura y que solo tienen significado en esta.

Según Sugimoto, uno de los sociólogos más importantes del país nipón, la sociedad europea se basó en sus inicios en conceptos émicos surgidos de su propia idiosincrasia y que, con el tiempo, se extendieron a otras culturas convirtiéndose así en nuevos conceptos éticos que ayudaron a construir una visión eurocéntrica del mundo. Así pues, en Japón, los conceptos émicos o los llamados doble códigos son de suma importancia para entender la forma de pensar de su sociedad.

Tatemae/Honne:

Tatemae: opiniones y comportamientos que se muestran en sociedad y de cara al exterior. Los japoneses actúan según establecen los códigos sociales y en su vida social se ciñen a esta norma sin salirse del papel. En nuestra sociedad esto hecho podría entenderse como “falsedad”, pero no así en Japón donde el juego de las apariencias es de suma importancia.

Honne: sentimientos y deseos verdaderos que no pueden expresarse de forma abierta a la sociedad. Se trata de una realidad escondida. Los japoneses evitan expresar lo que realmente piensan o sienten por miedo a entrar en conflicto. El honne aparece en contadas ocasiones, como en las reuniones y encuentros con los amigos después del trabajo donde el alcohol (sake) ayuda a los japoneses a desinhibirse.



Omote/Ura

Omote: se trata de la imagen que se tiene de una determinada empresa, grupo social o compañía desde fuera. Una imagen fabricada des del desconocimiento.

Ura: parte escondida y que no se ve de la realidad japonesa.

Uchi/Soto

Uchi: perteneciente al grupo. Para un japonés no hay nada más importante que sentirse participe de algo. Formar parte de un grupo de personas ya sea dentro de la oficina, en clase o con los amigos genera en los nipones un fuerte vínculo con el prójimo, con la gente de su misma categoría.

Soto: los que quedan fuera del grupo. Esto nos incluye a todos nosotros, los extranjeros, y es por eso mismo que alguien de fuera nunca podrá ser aceptado socialmente del mismo modo que un japonés. Por muchos años que lleves en Japón, por mucho que sepas hablar su idioma a la perfección, los nipones siempre te trataran como un extranjero, como un gaijin (forma un tanto peyorativa que tienen los nipones para referirse a los extranjeros) . En realidad esto no tiene porque ser malo ya que serás tratado con los mayores respetos, pero nunca te sentirás arropado, en familia.

En proximas fechas seguiré explicando alguno de los conceptos por los cuales se rige el comportamiento de los japoneses. Hasta la vista!


domingo, 26 de julio de 2009

El emperador japonés

La figura del emperador y toda su idiosincrasia es uno de los elementos más carismáticos del país del sol naciente. El Kojiki (registro de cosas antiguas), considerado el libro más antiguo que se conserva de la historia de Japón y publicado el 712 de nuestra era, ya contemplaba los primeros textos referentes a la figura de un soberano de los hombres. El primero de los mandatos imperiales del archipiélago se le concede a Jimmu tenno (apelativo que con el tiempo terminaría significando “emperador” en japonés), descendiente directo de la estirpe divina y más concretamente de Amaterasu, diosa del Sol y situada en la cúspide del panteón de los dioses sintoístas. Un primer emperador que encarna la superación definitiva de la lucha entre clanes y la victoria del Kyushu septentrional sobre Izumo (Honshu meridional). El mito, no cuenta sino la victoria de las comunidades agrícolas sobre las comunidades de cazadores y recolectores y es muy probable que sin la supremacía de la agricultura no hubiera sido posible la construcción y articulación del primer estado japonés, el estado Yamato (nombre que recibe la llanura más grande del Honshu meridional y donde estableció la capital Jimmu).


A lo largo del tiempo, la figura del emperador ha vivido períodos de más o menor influencia dentro de la política nipona. Desde la época Heian (794-1185), donde la corte desarrolló un mundo cerrado de refinamiento extraordinario y la figura del emperador se situaba en lo más alto del plano político, pasando por épocas de regencias militares (los shogunatos) en las cuales el emperador y su séquito vivía en un segundo plano y solo representaba el prestigio cultural e incluso durante parte del periodo Muromachi (1333-1573) llegaron a convivir de forma simultánea dos cortes con sus dos respectivos emperadores.

Durante la Restauración Meiji (1868-1912) y tal y como establecía la Constitución de 1889, el emperador volvió a situarse en lo alto del sistema político japonés. La función legislativa y ejecutiva recaía en sus manos y de el dependía aprobar las leyes. Este era, además, el máximo responsable del ejército y en sus manos recaía la soberanía del país asiático. En esta época, el emperador se rodeaba de un grupo de sabios provenientes de las familias aristocráticas más importantes del país (la denominada Genrô), que le ayudaban a tomar las decisiones y que a su vez le llevaban la agenda política.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial los americanos, encargados de iniciar la recuperación del país, decidieron no tocar la figura del emperador a cambio de que este renunciara a su carácter divino. Un hecho que tuvo lugar el 1 de Enero de 1946 en la declaración de la humanidad o Ningen Sengen donde el mandatario nipón se deshizo de su estirpe divina para ser nombrado soberano de los japoneses. Se convertiría así en el símbolo del estado y de la unidad del pueblo japonés.
La Constitución de 1947 determinó las nuevas funciones de del emperador, que a partir de ese momento quedaba sometido y ligado al gabinete (órgano ejecutivo) y debía rendirle cuentas de todas sus funciones o actos de estado. La carta magna definía también la sucesión al trono imperial, que pasaría a ser dinástica y hereditaria.