domingo, 18 de julio de 2010

El peligroso pez fugu

Sin duda alguna, la comida japonesa es una de las más saludables y variadas de todo el mundo. Arroz, verduras, pescado y algo de carne combinados, siempre, con un cuenco de sopa de miso, un platillo de encurtidos y una taza de té verde forman la piedra angular de la gastronomía nipona. Infinidad de platos han conseguido traspasar las fronteras del país asiático y, hoy en día, el sushi, la tempura, los fideos o las bolas de arroz rellenas (onigiri) son platos conocidos por la gran mayoría de los occidentales. Aún así, existe una receta que conserva un aire de misterio y peligro que, si bien es conocida, sigue siendo una especialidad cocinada casi íntegramente en Japón. Hablamos del fugu o pez globo.



Se trata de un plato solo para atrevidos que quieran incorporar un toque de riesgo a su comida. Los órganos internos de este pez, no su carne, son tan venenosos que sólo puede prepararse en restaurantes especializados donde los chefs deben poseer un certificado que les acredite como cocineros cualificados. Su toxina es tan nociva que, al ingerirse, paraliza el sistema nervioso y puede provocar un paro cardíaco instantáneo. Cuando el cocinero ha extraído todas las partes peligrosas, así como la espinosa piel, se suele servir en forma de sashimi, en lonchas tan finas que el fondo del plato puede verse a través de la carne del pescado. Aunque de sabor muy tenue, el fugu-sashi es considerado una exquisitez. Finalmente, el resto del pescado se prepara en la cazuela y se sirve con una salsa picante para terminar de redondear este “peligroso” plato.

Si decidís probar esta especialidad japonesa, no os olvidéis nunca de pedir que os enseñen el certificado de autorización, indispensable para realizar, “en condiciones”, la elaboración del fugu.

sábado, 17 de julio de 2010

Espíritus, fantasmas y demonios

Japón se ha caracterizado siempre por ser una cultura de fuertes raíces mitológicas. Su religión autóctona, el sintoísmo, incorporó a las costumbres niponas una gran cantidad de espíritus, héroes, demonios y fantasmas a quienes a lo largo de los años se ha ido recordando a través del culto.

Si de fantasmas, espíritus y demonios hablamos Japón es, sin duda, una de las sociedades donde más importancia se les da. Si viaja por el país en pleno verano, probablemente verá que la televisión, los cines y los teatros sacan a la luz la cosecha anual de películas de miedo, programación de Kabuki con obras sobre fantasmas y montajes que atraen grandes multitudes a los parques de atracciones. Los japoneses dicen que el antídoto perfecto contra el calor bochornoso es un buen escalofrío de miedo, y debe serlo, porque la tradición de dedicar el verano a los espíritus se remonta a unos 1.500 años.

El ejercito de demonios de los japoneses, que incluye varias especies de duendes y demonios, así como los espíritus de humanos, de animales e incluso de árboles o sombrillas, es uno de los más amplios del mundo. En conjunto se conoce como bakemono (obake abreviando), que significa monstruos. Las historias de fantasmas parece que se empiezan a contar hacia mediados de julio, cuando comienza el Obon , un festival budista de un mes de duración que conmemora a los muertos. Es uno de los mayores alicientes de las vacaciones estivales.

Aún así, muchos tipos de bakemono no guardan relación con el Obon. El festival de Setsubun (3 o 4 de febrero) se celebra para expulsar a los oni, unos ogros cornudos a los que les gusta la carne humana. Las figuritas de barro de diablillos parecidos a sapos, que se venden en las tiendas de regalos, representan a los kappa y el alado tengu , un demonio que habita en los bosques alpinos y a veces tiene un pico barbado, normalmente presenta un fiero rostro escarlata y una narizota. La imagen de este bakemono es utilizada en las antiguas obras de teatro y las máscaras de tengu suelen adornar algunos bares y restaurantes.



Los espíritus de animales, sobretodo de zorros , abundan en las creencias populares japonesas. De hecho, los mitos sobre zorros son de origen chino, pero fueron adaptados al sintoísmo. Representados escultóricamente en torno a los santuarios dedicados a Inari, dios de los beneficios y el grano, se cree que los zoros son mensajeros de la divinidad o seres cercanos a ella. Otro mamífero endémico de Japón, el tanuki o perro-mapache, también se considera que puede cambiar de forma. Se pueden ver en las ventanas de los establecimientos de bebidas y comercios de sake, ya que se consideran favorables.
La aparición de Kitsune-bi (fuego de zorros), metano incandescente, se dice que presagia la aparición de yurei, fantasmas. Se cree que los fantasmas son transparentes, y que por debajo de la cintura su apariencia se desvanece. Los yurei son espíritus temidos porque, al parecer, han dejado cuestiones pendientes en esta vida, normalmente con quienes les quitaron la vida.

Sin duda alguna, una de las mejores recopilaciones de historias sobre este tipo de seres salió de la pluma de Lafcadio Hearn (1850-1904), también conocido como Koizumi Yakumo, quién fue capaz de sintetizar en la obra Kwaidan las narraciones de la tradición oral.

martes, 13 de julio de 2010

Shitamachi: ciudad de placeres extra muros

Extendiéndose hacia el nordeste, al otro lado del río Sumida, se encuentra shitamachi, la “ciudad baja” de Tokio. Comprende los barrios de Ningyocho y Ueno, con Asakusa como centro y hace referencia a las castas inferiores que durante el período Edo vivieron en los barrios de placer apartados de los muros del castillo Tokugawa. Shita significa “abajo”, y machi se podría traducir como “ciudad”, un lugar donde comerciantes, artistas, comediantes, artesanos y mujeres de reputación dudosa animaban el ambiente de una sociedad urbana preocupada por los problemas del día a día.

Yoshiwara se convertiría en el principal distrito del placer, el corazón del viejo mundo flotante más allá de los límites de Asakusa. Finalmente, y coincidiendo con el gran crecimiento urbano que sufrió Japón a finales del siglo XIX y principios del XX, Asakusa terminaría por incorporar Yoshiwara a sus límites pasando a ser un importante punto de encuentro para escritores, poetas, artistas e intelectuales. Un llamativo tiovivo al que se subieron millones de personas para disfrutar de un caleidoscopio de ferias, teatros, cines y miles de bares y restaurantes.

El bombardeo de 1945 devastó la capital nipona y con ello la Ciudad Baja. No obstante, sus supervivientes aún siguen manteniendo el carácter típicamente edokko (nacidos o criados en la shitamachi): despreocupación, buen humor, coraje, y conservadurismo, pese a cierta desconfianza hacia la autoridad. La modernización del país dio cuenta de todo lo que había dejado la guerra. Asakusa, que después de la guerra dejó de estar de moda, entró en declive a la vez que Shinjuku se convertía en el principal distrito de diversión de la ciudad. La avenida Rokku, antiguo paraíso de teatros y restaurantes de Asakusa, pasó a ser en terreno de pasto de cines de mala muerte y salas de striptease. Los intentos durante la década de 1980 por revivir el distrito acabaron fracasando y se empezaron a construir cines sin ningún tipo de atractivo, edificios de hormigón incluso se llegó a levantar un lujoso Rox Plaza en sus calles.



Aún así, Asakusa pudo retener su atmósfera. Montones de tiendas venden los bollitos de arroz dulce dango y las galletas sembei; a veces se ve incluso cómo los preparan. En las galerías comerciales al noroeste de Senso-ji (probablemente el templo budista más importante de la capital tokiota), detrás de Nakamise, o incluso a lo largo de la avenida principal, aún se pueden encontrar objetos típicamente japoneses como faroles de bombero, quincalla tradicional, peines y ornamentos para el pelo, abanicos, calzado de madera, tela para kimonos de alta calidad, parafernalia para fiestas e instrumentos musicales. La zona está repleta de bares y restaurantes, pero los mejores, aquellos que ofrecían entretenimiento a cargo de geishas, casi han desaparecido; de más de mil antes de la guerra, sólo quedan unas 40 en la actualidad. Es más probable que el transeúnte pueda verlas en grabados de las paredes de los sofisticados nomiya (bares), decorados con objetos de anticuario. Para el moderno Tokio, la shitamachi aún sigue siendo un lugar exótico.

Para los curiosos, cada mes de mayo, los edokko celebran el Sanja Matsuri en Asakusa. Durante dos frenéticos días, unas 800.000 personas, muchas de ellas vestidas de época, abarrotan las calles del barrio recordando la antigua shitamachi.

lunes, 12 de julio de 2010

Los holandeses en Dejima

Antes que nada, me gustaría dedicar mi más sincera enhorabuena a los jugadores de la selección española, que han conseguido volver a situar en el mapa internacional nuestro país. Por todas las veces que nos quedamos a las puertas, por los errores arbitrales o los fallos clamorosos cometidos, por todo ello el futbol le debía una noche como la de ayer a España. Felicidades!

A continuación os dejo con un artículo que tiene algún guiño a la final de la copa del mundo de Suráfrica.

La época del shogunato Tokugawa se caracterizó, entre otras muchas cosas, por un aislamiento internacional del archipiélago japonés. Los edictos marcados por el bakufu pretendían impedir la salida del país de cualquier japonés así como la entrada de aquellos a quién nombraban bárbaros. Con todo, se dejaron abiertos algunos puertos de la isla de Kyûshû hasta que, finalmente, el acceso quedó limitado a los holandeses en la isla de Dejima y a los chinos a un conjunto de pequeños islotes cerca de Nagasaki. Los holandeses fueron la única comunidad aceptada por el shogunato, que pensaba que su principal objetivo era el de comerciar, al contrario de portugueses y españoles que llegaban a las costas niponas con claras intenciones proselitistas. Se preocupaban poco de todo aquello relacionado con la cultura o la historia japonesa y a duras penas habían intentado integrarse en la nueva sociedad donde se encontraban. Sólo les interesaba el dinero que pudieran obtener de sus intercambios comerciales, la contabilidad y un bien muy preciado para ellos, el alcohol. Una visión por parte de los nativos que terminó por otorgarles el apodo de “animales económicos” a aquellos llegados des de los Países Bajos.



Con todo, algunos estudios refutaron la visión de este “incipiente capitalismo holandés” afirmando que realmente si hubo un intento de acercamiento entre ambas sociedades. Los escritos del capitán C.T van Assendelft de Coningh, quién vivió durante un tiempo en Japón, revelan las relaciones que se establecieron entre los tripulantes y autóctonos así como la descripción de los paisajes por donde pasaban. No fueron días fáciles para la tripulación del buque Elshout, que tuvo que aguantar la supervisión constante y la vigilancia del gobierno Tokugawa por miedo a una expansión de las creencias cristianas. Dejando a un lado los problemas y complicaciones, los relatos del capitán holandés se convirtieron en información de gran valor a la hora de empezar a percibir la lejana sociedad japonesa en el siglo XIX.

De sus escritos se extrae que la relación entre Japón y europeos, lejos de la percepción beligerante e intransigente que se podía tener de los asiáticos, era respetuosa y en cierta manera tolerante. Los japoneses parecían interesados en establecer relaciones comerciales, sobre todo por el interés que despertaron los productos que llegaban de los lejanos territorios europeos. Intercambios que debían desarrollarse de forma pacífica ya que por la fuerza no se conseguiría nada. La documentación exhaustiva utilizada por el capitán C.T van Assendelft de Coningh sirvió para que los europeos conocieran un poco más de un país que, hasta entonces, era del todo desconocido.