martes, 14 de junio de 2011

El haiku y Matsuo Basho

La poesía japonesa comprime un rico imaginario y mucho poder emocional en unas pocas palabras. Debido a la creciente influencia del zen a partir del siglo XIV, el concepto de “menos es más” impregnó el espectro cultural.

Su forma más depurada y sintética es el haiku, un poema evocador y a menudo elegíaco de tres versos de cinco, siete y cinco moras de forma respectiva. Las 31 sílabas de la poesía clásica tanka (la principal forma poética entre los siglos IX y XIII) fueron reducidas a las actuales 17 del haiku.

De los exponentes del haiku, ninguno es tan venerado como Matsuo Basho. Nacido samurái, Basho estudió en un monasterio zen antes de sobresalir como poeta. Habitualmente recorría el país durante meses, salpicando sus diarios de viaje con haikus magistrales. Su obra principal Oku no Hosomichi (El estrecho camino hacia el lejano norte) fue escrita en 1689 en el transcurso de su gran viaje a la región de Tohoku, al norte de la isla de Honshu.



Matsuo Basho es considerado el máximo precursor del concepto del kigo dentro del haiku. Una palabra capaz de evocar en el lector una imagen perteneciente a una de las cuatro estaciones del año.

Frágil y envejecido prematuramente, el poeta murió durante uno de sus viajes, víctima de los alimentos envenenados que comió en una posada cuando se dirigía a Kyushu.

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