miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sengakuji: el santuario de los 47 ronins

Como ya comenté en el artículo que daba el pistoletazo de salida de este proyecto, las estaciones en Japón, sobretodo en la zona de la llanura del Kanto donde se encuentra Tokio, están muy definidas. Durante el verano, junio y julio son los meses de fuertes lluvias, agosto se caracteriza por un calor sofocante y septiembre es el mes de los tifones. Desde que he llegado, los días en Tokio amanecen con un cielo gris, tapado y amenazador, pero a diferencia de lo que pasaría en España, aquí nunca termina de llover.

Hoy amaneció como la mayoría de días, con ganas de llover. Mi intención era pasar el día en el gran parque de Ueno, con sus templos y museos pero he decidido dejarlo para otra ocasión, cuando el sol haga acto de presencia. Así pues, mi cambio de planes me llevó a hacer una visita al santuario de Sengaku-ji. Este templo, construido por Ieyasu Tokugawa en el 1612, fue la tumba de los 47 ronins (historia que ya conté en uno de mis artículos) que murieron por el rito del seppuku (suicidio) después de vengar a su señor. Esta muestra de lealtad, máxima del código de honor del samurai, es aún muy presente en el espíritu y en la forma de pensar de los nipones y su historia ha convertido Sengaku-ji en uno de los santuarios más famosos de Tokio.





Jimbocho es una de esas calles que solo podrían existir en una ciudad tan dispar como la capital nipona. Se trata de una larga avenida dedicada a los libros de segunda mano, donde se exponen los ejemplares fuera de los establecimientos para que los transeúntes puedan ojearlos sin necesidad de entrar dentro de la tienda. Se pueden encontrar librerías de todo tipo e incluso algunas de ellas cuentan con ejemplares en idiomas tales como el inglés o el español. A modo de curiosidad, los jugones amantes de las consolas encontraran en esta calle, tiendas donde adquirir cualquier guía para su juego favorito, en japonés eso sí.


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