sábado, 13 de agosto de 2011

El enfant terrible del budismo japonés: Nichiren (1)

Kamakura, ciudad costera cerca de Tokio, capital de Japón, es conocida por su gran culto a la religión budista. Decenas de templos esparcidos por sus inmediaciones reúnen a miles y miles de peregrinos y turistas durante todo el año, quienes no quieren perderse el encuentro con el símbolo más conocido de la ciudad, el Daibutsu (gran Buda).

A su vez, la ciudad de Kamakura ha sido relacionada con personajes de importancia dentro de la historia del país nipón. El más conocido de todos ellos fue Nichiren (1222-1282), llamado también el enfant terrible del budismo japonés. Monje errante e iconoclasta, estuvo estrechamente ligado a Kamakura.

Tras peregrinar durante diez años, Nichiren llegó a la conclusión de que las sectas budistas existentes y sus enseñanzas, sobre todo las de zen y jodo (tierra pura), eran demasiado complejas. Denunció a sus sacerdotes, ávidos de favores e influencias en la corte, corruptos y de espíritu débil.

Nichiren sostenía que la naturaleza de Buda, presente en todos los seres de la creación, era única, y abogaba por convertir el budismo en la religión universal. Creía que el camino de la salvación pasaba por la simple repetición del Sutra del Loto, en la cual, afirmaba, residía la verdad absoluta.

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