lunes, 12 de julio de 2010

Los holandeses en Dejima

Antes que nada, me gustaría dedicar mi más sincera enhorabuena a los jugadores de la selección española, que han conseguido volver a situar en el mapa internacional nuestro país. Por todas las veces que nos quedamos a las puertas, por los errores arbitrales o los fallos clamorosos cometidos, por todo ello el futbol le debía una noche como la de ayer a España. Felicidades!

A continuación os dejo con un artículo que tiene algún guiño a la final de la copa del mundo de Suráfrica.

La época del shogunato Tokugawa se caracterizó, entre otras muchas cosas, por un aislamiento internacional del archipiélago japonés. Los edictos marcados por el bakufu pretendían impedir la salida del país de cualquier japonés así como la entrada de aquellos a quién nombraban bárbaros. Con todo, se dejaron abiertos algunos puertos de la isla de Kyûshû hasta que, finalmente, el acceso quedó limitado a los holandeses en la isla de Dejima y a los chinos a un conjunto de pequeños islotes cerca de Nagasaki. Los holandeses fueron la única comunidad aceptada por el shogunato, que pensaba que su principal objetivo era el de comerciar, al contrario de portugueses y españoles que llegaban a las costas niponas con claras intenciones proselitistas. Se preocupaban poco de todo aquello relacionado con la cultura o la historia japonesa y a duras penas habían intentado integrarse en la nueva sociedad donde se encontraban. Sólo les interesaba el dinero que pudieran obtener de sus intercambios comerciales, la contabilidad y un bien muy preciado para ellos, el alcohol. Una visión por parte de los nativos que terminó por otorgarles el apodo de “animales económicos” a aquellos llegados des de los Países Bajos.



Con todo, algunos estudios refutaron la visión de este “incipiente capitalismo holandés” afirmando que realmente si hubo un intento de acercamiento entre ambas sociedades. Los escritos del capitán C.T van Assendelft de Coningh, quién vivió durante un tiempo en Japón, revelan las relaciones que se establecieron entre los tripulantes y autóctonos así como la descripción de los paisajes por donde pasaban. No fueron días fáciles para la tripulación del buque Elshout, que tuvo que aguantar la supervisión constante y la vigilancia del gobierno Tokugawa por miedo a una expansión de las creencias cristianas. Dejando a un lado los problemas y complicaciones, los relatos del capitán holandés se convirtieron en información de gran valor a la hora de empezar a percibir la lejana sociedad japonesa en el siglo XIX.

De sus escritos se extrae que la relación entre Japón y europeos, lejos de la percepción beligerante e intransigente que se podía tener de los asiáticos, era respetuosa y en cierta manera tolerante. Los japoneses parecían interesados en establecer relaciones comerciales, sobre todo por el interés que despertaron los productos que llegaban de los lejanos territorios europeos. Intercambios que debían desarrollarse de forma pacífica ya que por la fuerza no se conseguiría nada. La documentación exhaustiva utilizada por el capitán C.T van Assendelft de Coningh sirvió para que los europeos conocieran un poco más de un país que, hasta entonces, era del todo desconocido.

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