lunes, 26 de julio de 2010

Las teorías sobre el Nihonjinron(3)

Desde el momento en que los libros sobre la identidad nacional japonesa empezaron a convertirse en un género literario de culto (tomando como punto de partida el Crisantemo y la espada de Ruth Benedict-uno de los libros más influyentes sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial) la naturaleza cambiante de las relaciones político sociales entre Japón y Occidente –más concretamente las relaciones con Estados Unidos de América- han ido moldeando la percepción que, desde fuera, se tenía del país nipón. A su vez, los autores del Nihonjinron supieron adaptar sus estudios sociológicos y sus discursos al contexto socio económico que les tocaba vivir, a los paradigmas imperantes de cada período. La realidad social, generada después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, marcará los pasos a seguir para la literatura Nihonjinron. No será lo mismo escribir sobre la identidad de los habitantes del archipiélago durante la postguerra, con la percepción y visión de un Japón vencido, herido y con un fuerte sentimiento de despecho contra las potencias occidentales, que hacerlo en la actualidad, donde la realidad social muestra un país con desigualdades, clases sociales definidas y considerado uno de los estandartes del capitalismo más radical.

Según explica Takeo Funabiki, otro de los teóricos del Nihonjinron, muchos autores japoneses, a la hora de escribir teorías sobre su identidad nacional, toman una fuerte conciencia interna de todo aquello que viene del exterior y genera discursos que tienen su núcleo en la comparación con el “extranjero” (buscar los conceptos émicos que los puedan diferenciar de los “otros”). Parece ser que los momentos donde se escribe más literatura Nihonjinron corresponden a épocas donde la percepción de aquello que viene de “fuera” es más intensa. De la misma manera, el autor habla de una “teoría singular” en la cual los autores japoneses de este tipo de literatura tienden a explicar los fracasos y los éxitos de su nación a través de elementos que, según dicen, son únicos de su sociedad y cultura.



La realidad actual del país debe considerarse un hecho clave a la hora de escribir sobre las raíces japonesas. Un país cada vez más heterogéneo y con una creciente presencia de inmigrantes. Sugimoto hablará de un Nihonjinron que utiliza la escala de valores y estilos de vida de las élites dominantes del país para medir las características de la cultura japonesa en general. Así, para este autor -uno de los más influyentes- será la clase masculina (directores y trabajadores de las empresas más poderosas del país, políticos, licenciados universitarios, gente mayor…) la que generará el discurso sobre la identidad nacional de Japón dejando a un lado la dinámica cultural de otros grupos presentes en la sociedad japonesa (las mujeres, los sindicalistas, trabajadores de pequeñas empresas…). Para Sugimoto, el discurso uniforme, étnico y homogéneo situado al frente de la literatura Nihonjinron se enfrenta a la realidad empírica del país. Una realidad que presenta variaciones culturales y divergencias difíciles de definir a través de las características de un solo estrato de la sociedad. Cuando la población japonesa acepte la diferenciación y la estratificación cultural se podrá empezar a hablar de una realidad intrasocial dentro de un contexto basado en el relativismo cultural.

Con este artículo termino mi pequeño ensayo sobre la identidad nacional japonesa. Es muy complicado resolver las preguntas que se plantean en un debate de tales magnitudes, con tanta literatura, ensayos y noticias sobre el tema. Los escritores relacionados con el Nihonjinron no se ponen de acuerdo y las posturas tienden a situarse en polos opuestos. Lejos de encontrar una “respuesta” absoluta o final pienso que tenemos años por delante para seguir leyendo libros y libros sobre esta pregunta: Qué significa ser japonés?

Sugimoto, Yoshio. Conflicto paradigmático en el discurso sobre “Japón

Aoki, Tamotsu. El caràcter del Crisantemo y la espada

Funabiki, Takeo. Razones históricas del Nihonjinron

Befu, Harumi. Aspectos varios del Nihonjinron o identidad nacional japonesa

domingo, 25 de julio de 2010

Las teorías sobre el Nihonjinron(2)

Las teorías sobre el Nihonjinron y la identidad nacional japonesa tienen un peso específico muy importante dentro de los análisis sociológicos que se hacen sobre el país. Los autores que elaboran trabajos sobre la sociedad japonesa desde la sociología y la etnografía deben tomar partido por alguno de los paradigmas que arrastra la teoría de la identidad nacional japonesa. Dicho de otro modo, deben definirse y dar respuesta a la pregunta: Qué son los japoneses? Sólo resolviendo este enigma los investigadores y escritores serán capaces de escribir sobre Japón. La cuestión de la identidad nacional es un hecho de suma importancia para los nipones, tal y como demuestran las cifras de ventas de algunos libros sobre el Nihonjinron. Se calcula que uno de cada cuatro japoneses ha leído uno o más de estos libros. No es de extrañar que desde los años sesenta la literatura Nihonjinron se haya hecho un hueco importante dentro del mundo editorial del país asiático. Con todo, la importancia de este “género literario” va mucho más allá y la aparición de nuevas tesis sobre el origen del pueblo japonés toma una trascendencia poco vista en ninguna otra sociedad.

El descubrimiento de nuevos yacimientos arqueológicos es portada en los periódicos más importantes del país, se hacen programas informativos en radios y televisiones y, a su vez, genera grandes dosis de debate entre la ciudadanía. No es de extrañar que Japón sea uno de los países que más invierten en materia arqueológica. La necesidad del pueblo japonés de diferenciarse de los “otros” (ya sean occidentales, ainus o coreanos) y de demostrar empíricamente que ellos fueron los primeros pobladores del archipiélago ha convertido las teorías del Nihonjinron en un fenómeno de masas.



Todo este contexto juega un papel muy importante cuando se escribe y se hace sociología sobre Japón. No es lo mismo escribir desde un punto de vista nacional-exclusivista, que tomar como paradigma las teorías más cercanas a la realidad sociocultural japonesa. Otro factor a tener en cuenta es que la imagen de Japón no siempre ha sido la misma. Desde que nació el género del Nihonjinron a finales de la postguerra, la imagen del país ha estado sometida a constantes fluctuaciones y cambios. Cambios en relación a dos conceptos opuestos: la centralización por un lado, y la diversificación por el otro. La fuerza y revalorización del yen ha creado grandes dificultades a los sociólogos y especialistas extranjeros a la hora de llevar a cabo investigaciones sobre suelo japonés. Sin el financiamiento adecuado de las entidades y las empresas japonesas, estos estudios chocan con barreras de autocensura y, de algún modo, deben tomar en consideración las visiones de estas organizaciones. Del mismo modo, en momentos en que el gobierno y las empresas adoptan visiones Nihonjinron de la sociedad japonesa, la economía también se diversifica. El incremento de investigadores que toman Japón como materia de estudio ha incentivado que se tengan en cuenta la gran cantidad de vicisitudes de la sociedad nipona y que, en cierto modo, se abandone la visión más clásica y cerrada de las teorías sobre la identidad nacional japonesa.

viernes, 23 de julio de 2010

Las teorías sobre el Nihonjiron(1)

Hoy inicio una serie de artículos dedicados a dar respuesta a una única pregunta: Qué significa ser japonés?

Entender la esencia de la japonesidad, o lo que es lo mismo, entender que significa ser japonés es una de las cuestiones más complejas de resolver para los propios japoneses y, obviamente, para los occidentales. Desde las primeras décadas del siglo XX empezaron a proliferar estudios procedentes de todos los ámbitos de la sociedad que intentaron solucionar el enigma. Las denominadas teorías del Nihonjinron. Teorías que actualmente copan las listas de ventas editoriales japonesas y que esencialmente tratan de realizar un ejercicio intelectual para intentar defender la identidad de los nipones. Dentro de estas teorías, los sociólogos y los antropólogos del país del sol naciente intentan reflejar todas aquellas cualidades únicas de los japoneses para generar un discurso nacional que los desate y les distinga de los “otros”. La lengua, el grupismo, el concepto de amae, el honne y el tatemae , el giri o el wa (de algunos de ellos hablaré próximamente) aparecen constantemente dentro de las obras del Nihonjinron como argumentos de su discurso nacional.

Algunos como Harumi Befu comentan que todas estas teorías sobre la identidad japonesa, no son más que el resultado y la necesidad de compararse a sí mismo con los demás. En la mayoría de los casos, este hecho ha comportado que el Nihonjinron tome a Occidente como su “otro” más importante y significativo. Para Befu las teorías de la identidad nipona son solamente la explicación del contraste entre Japón i Occidente. Otros autores como Sugimoto hablarán de que los conceptos émicos japoneses pueden convertirse en variables comparativas y dejar de ser exclusivos de la sociedad nipona.

Aún así, los más acérrimos al discurso de la identidad nacional nipona argumentan que la esencia de la japonesidad ha existido siempre y que esta se diferencia claramente de la identidad occidental. Los escritores del Nihonjinron han elaborado a lo largo de los años teorías en las cuales definen a los japoneses a partir de términos raciales. Así, un japonés sería un individuo con raíces de la raza yamato (grupo étnico que en el siglo IV d.C crearía el primer proto-estado japonés) excluyendo de esta manera los indígenas ainu (que probablemente llegaron a Hokkaido mucho antes que los yamato estableciesen su núcleo estatal en la zona de la actual llanura de Kanto) y los okinawas, que aún siendo japoneses desde el punto de vista administrativo, no lo son racialmente. Con estos argumentos, los defensores del Nihonjinron dan a entender que los únicos integrantes de la cultura japonesa son aquellos definidos racialmente, aquellos que han “bebido”, aprendido y adquirido la cultura nipona. Teorías, muchas veces acusadas de ser ultranacionalistas o incluso racistas.



Con todo, la realidad de la sociedad nipona es muy diferente. Existen gran cantidad de clases sociales y una gran multiplicidad de minorías étnicas (ainu, okinawas, residentes coreanos o zainichi, buraku –habitantes marginados-, comunidades brasileras y peruanas etc.) que si bien forman parte de la realidad japonesa no son considerados Nihonjin (japoneses) por “su falta de raíces”.

En una dirección diametralmente opuesta, en los últimos años han empezado a aparecer teorías y paradigmas inclusivistas que pretenden abrazar las minorías étnicas como parte de la población japonesa. Otros escritores basaran sus argumentos sobre el Nihonjinron en términos ecológicos o “naturales” dando a entender que la base de la identidad japonesa se encuentra en conceptos como el grupismo (aspecto necesario en una cultura que ha basado su subsistencia en el cultivo del arroz irrigado haciendo necesaria una cooperación intensiva por parte de todos los agricultores) que a lo largo del tiempo se ha convertido en una de las características de la sociedad japonesa.

jueves, 22 de julio de 2010

Dazai Osamu: una vida ligada a los suicidios

Cuando uno piensa en escribir sobre literatura japonesa le vienen a la cabeza algunos nombres, pero siempre son los mismos. Hoy en día, en el mundo globalizado donde vivimos, resulta fácil encontrar información, biografías o bibliografías de autores como Haruki Murakami, Yasunari Kawabata, Yukio Mishima o Jun’Ichiro Tanizaki los cuales, han conseguido o consiguieron en su día dar el salto hacia nuevos mercados y mostrar a occidente la idiosincrasia de las letras niponas. Aún así, es trabajo de las grandes editoriales y de las librerías el hecho de arriesgarse y apostar por otros muchos nombres que, aún sin ser conocidos fuera del archipiélago, pudieron contar con el éxito de la crítica y el cariño del público japonés. Es el caso del peculiar autor de hoy, Dazai Osamu.

Shūji Tsushima, su nombre real, nació en 1909 en la prefectura de Aomori (capital de la región de Tohoku situada al norte de la isla de Honshu) siendo el sexto hijo de una familia acomodada de terratenientes. Desde muy pequeño creció sin el cuidado de sus padres y fue adoptado y criado por una tía suya y sus sirvientes. Los acontecimientos sociales de la época le influenciaron sobremanera, sobretodo el suicidio de Akutagawa Ryûnosuke y el crack económico mundial de 1929. Dazai Osamu comenzó a participar en “movimientos sociales” en contra de todo lo que podía y se empezó a percibir que su estado anímico era poco estable, necesitado de tranquilidad. Prueba de ello fueron los dos intentos de suicidio antes de los veinte años, la segunda vez con una camarera en una pequeña isla, Anejima. La suerte jugó a “favor” del escritor ya que en ambos intentos salió con vida. Un mes después se casaba con la geisha Hatsuyo y en 1933 empezaría sus actividades como escritor dentro de la escuela romántica. Su primera obra fue Omoide, donde expresaba pensamientos y esperanzas no obtenidos. La aparente estabilidad proporcionada por la literatura se rompió en 1935 con un tercer intento de suicidio. Volvió a fracasar y no cansado, en 1937 lo volvería a intentar, esta vez después de enterarse que su mujer le era infiel.



En 1939 su vida daría un giro de 180º. Masuji Ibuse, escritor y amigo, decidió acogerle en su casa y este mismo sería el encargado de presentarle a su segunda mujer. Una maestra de escuela secundaria, quién dotó de tranquilidad y mayor claridad la vida de Dazai Osamu entre 1939 y 1948. Poco después de casarse, en 1939, empieza su época literaria más proclive. Escribirá Fugaku Hyakkei (100 paisajes del Monte Fuji) y en 1944 saca a la luz Tsugaru, diario de viajes donde quiso confirmar las raíces de su propia existencia. En 1947 escribe Shayo (Ocaso), deseo por lo imperecedero de las cosas bonitas, y un año más tarde pondría el punto y final a su última obra y, poco después, también a su vida. Ningen shikkaku (Indigno de ser humano) no fue sino el intento de rescatar la confianza perdida en el ser humano, una tarea imposible para un autor que, decepcionado, acabará por quitarse la vida junto a una de sus amantes.

Las novelas de Dazai Osamu tratan sobre hombres desarraigados y penosamente conscientes de su alienación, que se burlan de sí mismos y de la sociedad. La obra de este escritor simboliza a la perfección la derrota japonesa, ya que refleja el amargo ajuste al fracaso y el embellecimiento de la vida pasada mediante un claroscuro de humor y autocompasión entre la comedia y el melodrama.